Oraciones a San José

Oracion a San Jose I

San José,
casto esposo de la Virgen María;
intercede para obtenerme
el don de la pureza

Tú que a pesar de tus inseguridades personales,
supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud para responder siempre y en todo lugar a lo que el Señor me pida.

Varón prudente, que no te apegas a las seguridades humanas,
sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado, obténme el auxilio del divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obténme esas bendiciones para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme, día a día, al modelo de la plena humanidad: el Señor Jesús.

Amén

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Oracion a San Jose II

Bienaventurado San José,
acudimos en nuestra tribulación;
y, después de invocar
el auxilio de vuestra Santísima Esposa,
solicitamos también
confiadamente vuestro patrocinio.

Por aquella caridad que
con la Inmaculada Virgen María,
Madre de Dios, os tuvo unido,
y por el paterno amor
con que abrazasteis al Niño Jesús,
humildemente os suplicamos
volváis benigno los ojos
a la herencia que
con su Sangre adquirió Jesucristo,
y con vuestro poder
y auxilio socorráis nuestras necesidades.

Proteged, oh providentísimo
Custodio de la Sagrada Familia,
la escogida descendencia de Jesucristo;
apartad de nosotros
toda mancha de error y corrupción;
asistidnos propicio, desde el Cielo,
fortísimo libertador nuestro
en esta lucha
con el poder de las tinieblas;
y, como en otro tiempo
librásteis al Niño Jesús
del inminente peligro de su vida,
así, ahora, defended
la Iglesia Santa de Dios
de las asechanzas de sus enemigos
y de toda adversidad,
y a cada uno de nosotros
protegednos con perpetuo patrocinio,
para que, a ejemplo vuestro
y sostenidos por vuestro auxilio,
podamos santamente vivir
y piadosamente morir
y alcanzar en el Cielo
la eterna felicidad. 

Amén

Oración a San José de la Montaña durante 30 días

Te lo pido:

Por la infinita misericordia del Eterno Hijo de Dios que lo indujo a tomar nuestra
naturaleza y nacer en este valle de lágrimas.

Por aquel dolor y aflicción que inundó tu corazón cuando ignorando el misterio obrado
en tu Inmaculada Esposa, resolviste separarte de Ella.
Por aquel cansancio, solicitud y sufrimiento que padeciste cuando buscabas en vano
un lugar en Belén para que diese a luz la Santa Virgen y no hallándolo te viste en la
necesidad de buscar un establo donde naciese el Redentor del mundo.

Por el dolor que tuviste al presenciar el doloroso derramamiento de la preciosa
sangre en la circuncisión.

Por la dulzura y poder del sagrado nombre de Jesús que impusiste al adorado
infante.Por esa mortal angustia que experimentaste al oír la profecía del Santo Simeón en
que anunciaba que el Niño Jesús, y su Santísima Madre serían las futuras victimas
de su grandísimo amor por nosotros pecadores.
Por el dolor y aflicción que inundó tu alma cuando el ángel te declaró que sus
enemigos buscaban al Niño Jesús para matarle, viéndote obligado a huir a Egipto con
él y con su Madre Santísima.

Te lo pido:

Por todas las penas, fatigas y trabajos que padeciste en este tan largo y penoso viaje.
Por todos los dolores que sufriste en Egipto en algunas ocasiones cuando, a pesar de
tu trabajo, no podías proporcionar alimentos a tu pobre familia por todos los cuidados
en preservar al Divino Niño y a su Inmaculada Madre, durante el segundo viaje,
cuando recibiste la orden de volver a tu a país natal.

Por la vida tan pacífica que tuviste en Nazaret mezclada de tantos gozos y dolores.
Por tu extrema aflicción en estar tres días privado de la compañía del Niño adorable.
Por el gozo que tuviste, cuando lo hallaste en el templo, y por la inexplicable
consolación que sentías en la casita de Nazaret, viviendo con el Divino Niño.
Por aquella maravillosa sumisión en estar sujeto a tu voluntad.
Por aquel dolor que sentías continuamente acordándote de todo lo que el Niño Jesús
había de padecer cuando tú no estuvieses a su lado.

Por aquella contemplación en que considerabas que aquellos pies y manos, ahora
tan activos en servirte, estarían un día agujereados por crueles clavos; aquella
cabeza, que descansaba apaciblemente sobre tu pecho, habría de ser coronada de
agudas espinas; ese delicado cuerpo, que tiernamente sostenías en tu regazo y lo
estrechabas contra tu corazón, sería azotado, maltratado y clavado en una cruz.

Te lo pido:

Por ese heroico sacrificio de tu voluntad y mejores afectos, por el cual ofreciste al
eterno Padre el último y terrible instante en que el Hombre-Dios había de expirar por
nuestra salvación.
Por el perfecto amor y conformidad con que recibiste la divina ordenación de partir de
este mundo de la compañía de Jesús y María
Por la grandísima alegría que inundó tu alma cuando el Redentor del mundo
triunfando de la muerte y del infierno, entró en la posesión de su reino conduciéndote
a ti a la gloria, con especiales honores.

Por la gloriosa Asunción de María Santísima y por aquella inefable bienaventuranza
que a Ella le derivará eternamente de la presencia de Dios.
¡Oh amabilísimo Padre ! Te suplico por todos los sufrimientos, aflicciones y alegrías
que me oigas y me obtengas el favor de mis ardientes súplicas.

(Aquí se pide el favor que se desea alcanzar)

Te lo suplico además, en favor de todos aquellos que se encomiendan a mis
oraciones para que les concedas lo que mas les convenga según los designios de
Dios. Finalmente, mi amado protector y padre San José de la Montaña, sednos propicio en
los últimos instantes de nuestra vida, para que podamos cantar eternamente vuestras
alabanzas juntamente con las de Jesús y María. Amén.