Dolores y Gozos

Siete domingos de San José​

San José nos enseña, que ante las pruebas y momentos difíciles de nuestra vida, la actitud propia del creyente, ha de ser la oración y la confianza en Dios. Jose creyó y confió.

Mt, 1, 18-21

El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con San José, y, antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo, José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el Hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo”.

De San José podemos aprender a contemplar a Dios en signos pobres y a vivir desde la fe las diversas circunstancias y problemas de nuestra vida, buscando, con paz, la solución mas adecuada.

Lc 2, 4-7 ​

José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba encinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto, y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio para la posada.

Dios pone su confianza en José haciéndole responsable de imponer el nombre de su hijo. José declara así su paternidad legal sobre Jesús, dando una respuesta generosa a la misión de Diós le encomienda.

Lc 1, 21

 “A los ocho días, cuando debían circuncidarlo, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”.

Ante la profecia de Simeon, José escucha y ama en silencia, acepta con humildad el papel que Dios le confía, velando por Jesús y María.

Lc 2, 22-26

Cuando se cumplieron los ocho días de la purificación según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer el sacrificio según lo ordenado en la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la liberación de Israel: el Espíritu Santo estaba en él, y le había anunciado que no moriría sin ver al Mesías del Señor.

San José experimentó en su propia carne los avatares de una familia exiliada y emigrante, dispuesto siempre a cumplir la voluntad de Dios. Hagamos como el, de nuestra vida, una expresión de servicio y donación.

Mt 2, 13-15

Tan pronto como se marcharon (los Magos), un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “levántate, toma al Niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo”. Él se levantó, tomó al Niño y a su Madre, de noche, se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho al Señor por boca del profeta: “De Egipto llamé a mi Hijo”.

San José experimento en sus propia carne los avatares de una familia exiliada y emigrante, dispuesto siempre a cumplir la voluntad de Dios. Hagamos, como él, de nuestra vida, una expresión de servicio y donación.

Mt, 2, 19-23

Al morir Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, toma al Niño y a su Madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del Niño”. Él se levantó, tomó al Niño y a su Madre y se fue a la tierra de Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado en sueños, se retiró a la Región de Galilea. Y fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que habían anunciado los profetas, que sería nazareno.

Jesús y María sienten la ausencia dede Jesús y lo buscan sin descanso, hasta hallarlo junto a los doctores de la ley. San José muestra una prudencia extraordinaria, permanece en silencia ante la respuesta de Jesus.

Lc 2, 41-49

Sus padres iban todos los años a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando tuvo doce años fueron a la fiesta, como era costumbre.Terminada la fiesta, emprendieron el regreso; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada, al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: “Hijo, ¿porqué nos has hecho esto?, tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados”. Les contestó: “¿porqué me buscabais?, ¿no sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi padre?”