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Ave José

Dios te bendiga, oh José,
hombre justo,
esposo virginal de María,
Padre adoptivo del Mesías;
bendito tú eres entre todos los hombres
y bendito es el Hijo de Dios, confiado, Jesús.
San José, Patrono de la Iglesia,
protege nuestras familias,
en la paz y en la gracia divina
y asístenos en la hora de nuestra muerte.
Amén

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PRIMER DOLOR Y GOZO:
DUDAS DE SAN JOSÉ ANTE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

Mt 1, 18-21

“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José, y, antes de que vivieran juntos, se encontró encinta en virtud del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. Estaba pensando en esto cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, Hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el Hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo”.

REFLEXIÓN
José era un hombre justo, nos dice la Revelación, y porque lo erea adoptó respecto a la Virgen la resolución que, de todas las posibles, menos daño le hacía, aunque no fuera precisamente la más cómoda para él. Decidió, pues, abandonarla secretamente y en esta decisión, manifestó que era un hombre justo, es decir, un santo.

Lo que nos enseña aquí José, es que ante el problema, conflicto o contrariedad, la primera actitud propia de un hombre es la reflexión, la oración.

José creyó y confió. El hombre al que Dios mismo dio tanta confianza, merece también, una gran confianza por parte de los hombres.

Por este dolor y gozo rogamos a San José nos alcance la gracia de recurrir a la oración en las pruebas y momentos difíciles de nuestra vida.

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SEGUNDO DOLOR Y GOZO:
NACIMIENTO DE CRISTO EN POBREZA, HUMILDAD Y SENCILLEZ

Lc 2, 4-7

“José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer; que estaba encinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto, y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada”.

 

REFLEXIÓN

¿Qué nos enseña aquí José? Ante el problema de no encontrar sitio en la posada, no se dejó vencer por la dificultad, sino que con paz, buscó una salida a su problema.

De José hemos de aprender a no dejarnos invadir por las preocupaciones y los problemas, no es bueno, ni sirve para nada, sino que con serenidad hemos de buscar la solución más adecuada.

Una segunda cosa que nos enseña San José en este dolor y gozo es a contemplar a Dios en signos pobres (todo un Dios encerrado en un Niño). Nosotros hemos de aprender a contemplarlo en las circunstancias de cada día, pero sobre todo en las personas que se cruzan en nuestro camino (“lo que hagáis a uno de estos, mis más pequeños, a Mí me lo hacéis”).

Por este dolor y gozo le pedimos a San José nos alcance la gracia de vivir desde la fe las diversas circunstancias de nuestra vida.

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TERCER DOLOR Y GOZO:
SAN JOSÉ EN LA CIRCUNCISIÓN DE JESÚS

Lc 1, 21

“A los ocho días, cuando debían circuncidarlo, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado en ángel antes de su concepción”.

 

REFLEXIÓN

José, con este rito, ejercita su derecho-deber respecto a Jesús.

En la circuncisión, José pone al Niño el nombre de Jesús. Al imponer el nombre, José declara su paternidad legal sobre Jesús, y, al proclamar el nombre, proclama también su misión salvadora.

Una vez más vemos cómo Dios pone su confianza en José. Le hace responsable de imponer el nombre a su Hijo, y José da respuesta a los planes de Dios sobre él.

Que San José sea para todos un maestro singular en el servir a la misión salvífica de Cristo, tarea que en la Iglesia compete a todos y cada uno.

Por este dolor y gozo pedimos a San José nos alcance la gracia de responder con generosidad en la misión que Dios nos encomiende.

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CUARTO DOLOR Y GOZO:
PRESENTACIÓN DE CRISTO EN EL TEMPLO Y PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN

Lc 2, 22-26

“Cuando se cumplieron los días de la puerificación según la Ley de Moisés, lo llevaro a Jerusale´n para ofrecerlo al Señor; como está escrito en la Ley del Señor; todo varón primogénito será consagrado al Señor; y para ofrecer el sacrificio según lo ordenado en la Ley del Señor: un par de tórtolas y dos pichones.
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la liberación de Israel: el Espíritu Santo estaba en él y le había anunciado que no moriría sin ver al Mesías del Señor. ”

 

REFLEXIÓN

José está puesto para proteger los más grandes tesoros del mundo. José ha dcuidar de maría, ha de velar por Jesús, ha de preocuparse para que no les falte nada.

Ante la profecía de Simeón que anunciaba que aquél pequeño Niño iba a ser piedra de escándalo y signo de contradicción, ruina para unos y salvación para otros. Y, cómo su misma madre, participaría de este destino.

Tuvo que ser impresionante para José, vivir al borde de misterios tan grandes. Él observa, escucha, ama en silencio, asume generosamente el papel que Dios le pide realice en cada momento.

San José es modelo de humildad al aceptar desempeñar el papel más directo.

Por este dolor y gozo le pedimos nos alcance la gracia de pasar con ilusión la página de cada nuevo día, para descubrir en ella qué tarea nos tiene preparada el Señor.

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QUINTO DOLOR Y GOZO:
HUIDA A EGIPTO

Mt 2, 13- 15

“Tan pronto como se marcharon (los magos), un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al Niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo. Él se levantó, tomó al Niño y a su Madre, de noche, se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: De Egipto llamé a mi Hijo”.

 

REFLEXIÓN

No podemos olvidar los aspectos de sufrimiento, de precariedad y de inseguridad que caracterizan hoy – y quizá de forma más dramática en el pasado- las migraciones. José, depositario y cooperador del misterio providencial de Dios, custodia también en el exilio a Aquél que realiza la Nueva Alianza.

La Sagrada Familia fue amenazada durante su estancia en Belén. Es una amenaza que viene del mundo que quiere acabar con la vida del Niño. En el mundo de hoy también se siente amenazada la familia. La Iglesia no deja de intervenir con claridad y fortaleza para denunciar el aborto como una grave ofensa a la Ley de Dios, único dueño de la vida.

Sintamos la serena presencia de San José, el hombre “justo” que en laborioso silencio provee a las necesidades de toda la familia. Detengamos en él nuestra mirada para admirar sus dotes de discreción y disponibilidad, de laboriosidad y de valentía.

Supliquémosle por este dolor y gozo, nos alcance la gracia de proteger y defender siempre la vida de los más débiles.

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SEXTO DOLOR Y GOZO:
VUELTA A NAZARET Y TEMOR DEL REY ARQUELAO

 

Mt 2, 19-23

“Al morir Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al Niño y a su Madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del Niño”. Él se levantó, tomó al Niño y a su Madre y se fue a la tierra de Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado en sueños, se retiró a la Región de galilea. Y fue a vivir a una ciudad llamada nazaret, para que se cumpliera lo que habían anunciado los profetas, que sería Nazareno.”

 

REFLEXIÓN

Nuevamente vemos a José que se distingue por la fiel ejecución de los mandatos de Dios.

San José experimentó en su propia carne los avatares de una familia exiliada y emigrante: Nazaret, Belén, Egipto y de nuevo Nazaret... Siempre listo y pronto a la voz del Señor.

Apenas entrado en Nazaret, recupera su vida ordinaria de artesano modesto. Suya es la obligación de educar al “Mesías” en el trabajo y en la experiencia de la vida.

La característica adhesión de José a la voluntad de Dios es el ejemplo acerca del cual debemos meditar hoy.

Aprendamos de San José la búsqueda iluminada, fuerte y generosa de la voluntad de Dios, y supliquémosle nos alcance la gracia de hacer de nuestra vida una expresión de servicio y donación.

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SÉPTIMO DOLOR Y GOZO:
DUDAS DE SAN JOSÉ ANTE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

 

Lc 2, 41- 49

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén por las fiestas de la Pascua. Cuando tuvo doce años fueron a la fiesta, como era costumbre. Terminada la fiesta, emprendieron el regreso; pero el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada, al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas, al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿Por qué has hecho esto?, tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados. – Les contestó- ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi padre?”.

 

REFLEXIÓN

No es difícil hacerse cargo del dolor de José al comprobar la ausencia de Jesús.

Quizá lo peor de todo fue el aparente silencio de Dios. Durante dos días buscan con ansiedad al Niño y el cielo parece permanecer sordo a sus súplicas, al tercer día lo encuentran en el templo, y es maría la que toma la iniciativa. San José muestra aquí una prudencia extraordinaria, permanece en silencio ante la respuesta de Jesús. Se admira y se sorprende. Dios le va revelando sus designios y él se esfuerza por entenderlos. Como toda alma que quiera seguir de cerca de Jesús, descubre enseguida que no es posible andar con paso cansino, que no cabe la rutina.

Aprendamos de San José a estar atentos para reconocer las maravillas de Dios en nuestra vida cotidiana y supliquémosle, por este dolor y gozo, nos alcance la gracia de un corazón abierto, capaz de dejarse encontrar por Dios.

 

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Felicitación a San José

Padre mío San José:
yo os felicito por la dicha,
por la honra,
por la gloria que os cabe
por se esposo de la Madre de Dios,
de la Reina del cielo y de la tierra,
de los ángeles y de los hombres:
hacedme participante de vuestra
gran dicha
y felicidad en esta vida
y en la otra.
Beata Petra

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