Monserrat

Nuestra Hermana, Madre Mª Montserrat Muñoz de San José -Mercedes Muñoz Botia- nació en Barcelona, el 3 de junio de 1928. Desde nuestra Casa de Andújar -San Juan de Dios-, el 7 de septiembre de 2017, en las vísperas de la fiesta de la Natividad de la Virgen, a la edad de 89 años, entregó serenamente su espíritu al Señor.

 

El día 7 de Diciembre de 1947, entró en la Congregación, en el Postulantado de Barcelona; inició el Noviciado en Valencia, el 15 de octubre de 1948, donde permaneció hasta la emisión de los votos temporales, el 15 de julio de 1950.

Estuvo destinada en las Comunidades de Sevilla, Andújar, Palma de Mallorca, Andújar, Martos, Ronda, Gijón, Madrid, Cheste, Palma de Mallorca y finalmente, desde el 27 de abril de 2015 en Andújar - San Juan de Dios.

La Comunidad de Palma de Mallorca nos ha enviado el siguiente testimonio:

En Madre Montserrat, afloraba una persona amable, delicada, atenta, servicial… junto a una personalidad que le hizo sufrir y luchar, para ir sacando a la luz, todo lo bueno que latía dentro de ella.

Se autoformaba, a través de la lectura, y se documentaba constantemente de lo que acontecía, en la sociedad y en la Iglesia. Amante de su lengua materna catalana, en Mallorca la hablaba habitualmente.

Siempre mantuvo la dirección espiritual con un sacerdote jesuita. Trabajó en la parroquia impartiendo catequesis; y cada domingo llevaba la comunión a los enfermos. Colaboraba con la CONFER y le gustaba acudir a todas las salidas y celebraciones que organizaba. En todo ello, ponía mucho entusiasmo y permaneció hasta que pudo.

En la Comunidad de Palma de Mallorca, durante mucho tiempo, se dedicó a la enseñanza de los más pequeños. Poseía gran habilidad para la cocina, la costura, el cuidado de las plantas y el cariño a los animales. Con el tiempo formó un Taller de Costura - taller de Madre Petra - con un grupo de Señoras que cosían y hacían ropa para nuestras casas de Misión en Guatemala y el Chocó. Con este grupo, trabajó por transmitir los valores del evangelio, ocupándose de celebrar con ellas las principales fiestas del año litúrgico.

Como Madre de Desamparados, tenía gran devoción a San José, a la Virgen de los Desamparados y a la Beata Petra; pero, como buena Catalana, llevaba en su corazón a la Virgen de Montserrat”.

Su Comunidad actual, nos ha enviado la semblanza que os transcribo:

Madre Montserrat llegó a nuestra Comunidad hace apenas tres años. Aunque acompañada de su enfermedad, ha sido para todos quienes hemos compartido con ella -madres, residentes y trabajadores- un testimonio de lo que seguramente ha sido su vida, como Madre de Desamparados. Testimonio de alegría, siempre sonriente; a todos nos gustaba encontrárnosla por los pasillos, pues tenía una gran facilidad para sacarnos una sonrisa y alegrarnos.

Agradecida en todos los cuidados que recibía, quizás no con un “gracias” que, limitada por su enfermedad, ya no sabía pronunciar; pero sí con una caricia en las manos, en la cara y un beso, acompañado con sus palabras llenas de ternura: “mi niña, mi nena, mi chiquirritina”.

Siempre buscaba a la Comunidad, no le gustaba encontrarse sola o fuera de ella. Y si aparecía por allí, mientras comíamos, disfrutaba compartiendo con nosotras un poco de café o de chocolate, gesto en el que podíamos ver que fue una Madre que gustaba de estar en Comunidad.

En estas semanas ha luchado por salir adelante, dándonos tiempo y recordándonos que la vida no depende de la mano de los hombres, sino solo de Dios. Y poco a poco, como si de una vela se tratase, su llama, su vida, se ha ido apagando sin hacer ruido, sin quejarse, en silencio. Ayer en la tarde, rodeada de la Comunidad, mientras rezábamos la última jaculatoria: “Jesús, José y María recibid cuando yo muera el alma mía”, abrió unos grandes ojos, sonrió, nos miró a todas y entregó su alma al Señor. Roguemos por ella para que Él, le recompense su vida entregada a los más pobres.

DESCANSE EN PAZ.


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