El Año Litúrgico nos ofrece un tiempo nuevo, el Adviento, durante cuatro semanas las lecturas diarias que nos acompañarán irán desgranando las profecías mesiánicas, que tendrán su concreción en la venida del Hijo de Dios a nuestra historia.

Este tiempo es propicio para contemplar, no solo las antiguas profecías, sino las que acontecen junto a nosotros, y que son motivos que alegran el corazón y consolidan la esperanza teologal, la que se funda en el hecho del nacimiento de Jesús, y que por Él muchos viven como testigos del Amor de Dios.

 
 

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