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Reflexión de los Dolores y Gozos de San José: Séptimo Dolor y Gozo
Documento agregado el 09/03/2008 13:43:51

Lc 2, 41- 49

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén por las fiestas de la Pascua. Cuando tuvo doce años fueron a la fiesta, como era costumbre. Terminada la fiesta, emprendieron el regreso; pero el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada, al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas, al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿Por qué has hecho esto?, tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados. – Les contestó- ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi padre?”.

Llegamos al último dolor y gozo documentado de San José. Imaginamos que el último sería la muerte de José: el dolor de abandonar a María y a Jesús y el gozo de entrar en algo tan conocido para él como el sueño. Y ya no será despertado por ningún ángel, sino por el mismo Dios Padre, ya en casa para siempre.

Nos encontramos, en este séptimo dolor y gozo, a José y María como buenos israelitas peregrinando a Jerusalén. Jesús tenía 12 años. En ese contexto y sociedad ya podía ser considerado una persona mayor. La peregrinación para él sería todo un descubrimiento de cosas nuevas, sobre todo de la ciudad santa, Jerusalén. ¿Qué pasó? Distracción, pillería… La cuestión es que la caravana de regreso se pone en marcha y José pensaría que el niño iba con su madre, y María que como ya era adulto iba en la caravana de los hombres. Es al anochecer cuando se dan cuenta de que no estaba con ellos ni con sus familiares. Se habían olvidado del que debían proteger. Pierden a Dios mismo en medio de los oficios del templo. Tras tres días lo encuentran en medio de los eruditos. ¿Por qué no lo buscaron antes allí?, podríamos preguntarnos. Seguramente, porque Jesús era un chico normal, de pueblo, de 12 años y podría estar en cualquier sitio, mezclado entre la gente. Desesperación, angustia, miedo, súplicas al Altísimo. Lo encuentran en medio de los sabios. Y vemos de nuevo el gozo y una reacción que nos llama la atención, porque por santo que sea el gozo, las palabras de María ponen las cosas en su sitio: ¿Por qué nos has hecho esto? “He de preocuparme de las cosas de mi Padre” Y es María con su actitud la que le haría entender la preocupación de ellos dos, que tenían la responsabilidad de cuidarle.

Nosotros, damos tantas veces por hecho que Dios tiene que estar siempre ahí, mientras nosotros vamos a lo nuestro, porque tenemos mucho que realizar. Y por eso le perdemos muchas veces. ¿Dónde buscamos a Dios?¿De quién es la culpa de perderle? Todos somos responsables de Dios y ante Dios, porque somos su rostro en la tierra. Somos el sacramento de Jesús, lo que se ve. No tenemos que buscar fuera lo que tenemos dentro de nosotros.

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