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Reflexión de los Dolores y Gozos de San José: quinto dolor y gozo
Documento agregado el 26/02/2008 16:24:16

Mt 2, 13- 15

“Tan pronto como se marcharon (los magos), un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al Niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo. Él se levantó, tomó al Niño y a su Madre, de noche, se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: De Egipto llamé a mi Hijo”.

La vida de José está ligada al sueño. Es la forma que utiliza el Señor, para comunicarse con él. José no dice nada, y, todo lo se le comunica es a través de los sueños. Quizás hoy, San José, nos interpela la capacidad que tenemos nosotros de soñar despiertos; con esa dinámica que comporta todo sueño e ilusión de moverse, actuar… o más bien dejamos que sean los otros los que, como se suele decir vulgarmente, nos saquen las castañas del fuego.

Un ángel del Señor le dice: “Levántate, coge al niño y a su madre y huye”. José ha puesto su confianza en el Señor, es lo único que tiene para agarrarse, ¿por qué tiene que huir? ¿por qué a Egipto? Para un buen israelita, Egipto representaba la esclavitud, una ruptura con la alianza que el Señor había hecho con ellos. Era degradarse como miembro del pueblo de Dios. El Rey (Herodes, Arquelao…) que se supone tenía la obligación de velar por los pobres, huérfanos…, busca a su hijo para matarlo.

“De Egipto llamé a mi hijo”. José comienza a entender que Jesús asume en su humanidad el sufrimiento, la esclavitud, la marginación del hombre. Es bueno recordar la vida de José, pero para aplicar sus valores a la nuestra. ¿Sabemos soñar? ¿Sabemos valorar y salvaguardar la ilusión, inocencia, proyectos, ideales…? Todos tenemos nuestro Egipto propio e intransferible, que lo guardamos de las miradas de los demás. Somos esclavos de demasiadas cosas. San Juan de la Cruz decía que daba igual que un pájaro libre estuviese atado a una maroma que a un fino hijo de seda. Está atado. Precisamente, cuanto más tenue sean las cosas a las que estamos atados, menos nos damos cuenta de que lo estamos. ¿Ayudamos a crecer a los demás? “De Egipto llamé a mi hijo? ¿No seremos nosotros esos hijos a los que el Señor llama a salir? ¿Cuándo empezaremos a creer en ello, en que el Señor nos llama?

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