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Detalle de la Iglesia del Santuario durante los dolores y gozos
Reflexión de los dolores y gozos de San José: Segundo domingo
Documento agregado el 03/02/2008 23:38:55
Lc 2, 4-7 “José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer; que estaba encinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto, y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada”. Las pocas veces que aparece José en el Evangelio se le denomina como el hombre bueno, justo; que, como decíamos la semana pasada, estaba en plena sintonía con Dios. José creía por la fe. Es un padre en la fe. Porque, si lo pensamos bien, desconocemos casi todo de él: su edad, cuanto pudo vivir con María y el niño... Él es la persona que hace y no aparece. Su vida entera, desde que acepta los planes del Señor, está llena de dolores y gozos. Pensemos en el camino a Belén; seguramente no tendrían demasiadas ganas de hacerlo ni María, ni José. Les viene dado por el gusto de un emperador. Él coge a María, planifica el viaje..., pero va con ilusión, han de llegar a Belén, centro de las promesas mesiánicas. Podríamos pensar si José se preguntó alguna vez si su hijo sería el elegido que esperaba el pueblo. Él cree, y ante todas las dificultades está la ilusión por el hijo que va a nacer. Y, ¿dónde va a nacer? La hospitalidad era una norma sacratísima para los judíos. Pero..., sea porque realmente no había sitio, sea porque la gente no se quiso complicar la vida, lo cierto es que

       
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